Con la llegada de junio y julio, muchas empresas aplican la jornada intensiva. Esto significa que gran parte de la población termina la jornada laboral alrededor de las tres de la tarde o incluso antes. Lo que parece una oportunidad para ganar tiempo libre, a menudo viene acompañado de una alteración en los hábitos alimenticios.
Al no tener que almorzar en el trabajo, mucha gente decide retrasar la comida. Ya no es necesario hacerlo a las 14:00 h, como en invierno. Ahora, con más tiempo disponible, el momento de sentarse a la mesa puede extenderse hasta las 15:30 o incluso las 16:00. Pero el cuerpo, más allá de nuestros hábitos sociales, tiene ritmos propios que no siempre coinciden con la agenda personal.
