Esther Giménez-Salinas i Colomer (Barcelona, 1949) es la síndica de agravios de Cataluña desde el 14 de julio de 2022. Tiene un currículum académico y jurídico envidiable. Ha sido rectora de la Universidad Ramon Llull, miembro del Consejo General del Poder Judicial y recuerda con una memoria extraordinaria su etapa de puesta en marcha de las competencias sobre menores que a principios de los años 80 adoptó la Generalitat. Jurista, psicóloga y criminóloga, quiere aprovechar las quejas de los ciudadanos para transformar la administración. Es crítica, y no está para tonterías tanto a la hora de razonar como de opinar sobre el poder, la autoridad y la eficacia en la garantía de los derechos de los ciudadanos, sobre todo, de los más vulnerables. Y lejos de lenguajes complejos o políticamente correctos, se explica plásticamente y con un apoyo que adora, los datos. Su idea, sobre todo, es transformar. Aunque no se lo ponen fácil, porque en dos años ha habido consejerías con tres titulares.
Primero deberíamos definir qué es saludable, qué es democrático. Y qué es un país democráticamente saludable. Vivimos en un país donde el problema no es tanto de democracia como de eficacia. Quiero decir que la democracia formal existe, yo creo que esto lo aceptamos, pero el sistema que hemos ido creando con el tiempo ha perdido mucho en eficacia, especialmente en el campo del poder ejecutivo. Lo que es básicamente la administración, que es nuestra competencia.

